¿Os acordáis del parchís? ¿Y de la oca? ¿Y de los juegos en la arena con las canicas? La infancia, ¡qué bonita etapa de la vida!
Yo recuerdo perfectamente los recreos de primaria, cuando salíamos corriendo para hacer girar la peonza, nos tirábamos por el tobogán, jugábamos a polis y cacos o a marco-polo. También recuerdo los tazos y con ellos el "nome" y "sile". La infancia es esa época en la que todo se arreglaba con un "paces" y si te caías te volvías a levantar para seguir jugando.
¿Por qué no nos aplicamos un poco de eso que una vez hicimos?
Es muy fácil tener un problema, enfrentarlo, fracasar y quedarse parado, auto-lamentándose. Lo verdaderamente difícil es intentar solucionarlo una y otra vez, hasta que lo consigas. Como hacíamos de niños, si nos caemos, nos levantamos y seguimos con nuestra vida. Puede que nos cueste, pero si es así es que vale la pena.
Es muy fácil enfadarse con un amigo, sacar tu orgullo y no volver a hablarle. Lo complicado es ponerte en el lugar del otro, pensar las cosas, razonar por qué te has enfadado, pensar en la relación que teníais, quedar con él y hablar y finalmente pedir perdón o aceptar unas disculpas. Como hacíamos de niños, hacer las paces, darse un abrazo y dar el tema por zanjado para que una buena relación no se rompa tan fácilmente. Si verdaderamente quieres a esa persona, no la pierdas.
Y como estos ejemplos podría poner muchos más. Nos complicamos demasiado, hacemos de un granito de arena una montaña entera, nos dejamos llevar por la apariencias, somos pesimistas. Pero, ¿realmente pensamos que así vamos a llegar a alguna parte? Muchos dicen que así es la vida, pero en nuestra mano está intentar cambiarla e insistir il veces si hace falta para que así sea. Cuando íbamos a preescolar todo era más fácil, porque no nos enterábamos de nada o porque si lo hacíamos, no le dábamos importancia. Entiendo que ahora no puede ser así, pero eso no quiere decir que no podamos vivir con otras perspectiva.
El otro día me pasaron un ejercicio de números, eran dos tablas con diez números de cuatro cifras cada una y seguidos de un último numero que iba algo separado. Cuando la vi empecé a pensar en fórmulas matemáticas, en sumas y restas, en multiplicaciones, divisiones, potencias y todas las operaciones matemáticas que he aprendido. Después de estar un largo rato dándole vueltas, me dijeron que niños de cuatro años lo saben hacer rápidamente. Ese comentario me trastocó, pero yo seguía en las mías, con las matemáticas. Decidí dejarlo, rendirme y que me lo resolviesen de una buena vez. Y resulta que era simplemente contar los agujeros, tan fácil como eso. Al principio me quedé a cuadros, pero luego empecé a reírme y me dí cuenta de cuanto nos complicamos y lo poco que deberíamos hacerlo.
No se trata de ser un niño otra vez, pero ¿por qué no intentar pensar como ellos en algún momento?
También quiero decir que no pretendo generalizar todo lo que he dicho porque no todo el mundo es pesimista o se deja llevar por las apariencias (yo me incluyo en ese pequeño porcentaje), pero en líneas generales es así.
Besitos.
Iris:)