Hace tiempo que no escribo, he estado ocupada y no he podido pero vuelvo a retomar el blog y espero que lo sigáis leyendo.
¿Cuántas veces oímos eso de "quién la sigue la consigue" ? Yo personalmente muchísimas veces, pero no me lo he creído realmente hasta que me ha ocurrido. Es muy fácil decir a alguien "venga que tú puedes" pero muy difícil aplicártelo a ti mismo. Yo creo que se me da bien animar, apoyar y escuchar a la gente que me importa aunque en muchas ocasiones yo no me animo a mí misma. Me parece que eso le pasa a mucha gente, pero ese es otro tema.
Es cierto que es difícil hacer las cosas bien, solo y encima alabarte a ti mismo por ello. ¿Por qué es difícil? Porque a lo mejor has tenido que pedir ayuda o no te ha salido todo lo bien que querías y en vez de felicitarte te reprendes. Un consejo, no lo hagas. Si has necesitado ayuda significa que has sido capaz de tragarte tu orgullo y pedir a alguien que te eche una mano y si no te ha salido todo lo bien que querías no te preocupes, llegará un momento en el que te saldrá, solo tienes que ver en qué te has equivocado y no volver a hacerlo.
En mi experiencia he de decir que cada vez que consigo hacer algo sola me siento estupendamente, supongo que no soy la única a la que le pasa. Hay personas que prefieren respaldarse y dan por sentado que necesitan ayuda sin ni siquiera intentar conseguirlo primero por ellas mismas. A aquell@s que hacen eso decirles que lo están haciendo mal, que deberían replantearse su manera de actuar. No tendrían que pensar que siempre va a haber alguien cogiéndoles cuando se caigan sino ser rápidos y poner las manos para no romperse los dientes.
Mi padre siempre que le pido ayuda me dice "piensa qué harías si no estuviera yo aquí" si encuentro una solución por mí misma le doy las gracias, si no lo hago me ayuda y luego me enseña una manera de hacerlo sin necesidad de nadie más. Así he aprendido a hacer casi todo sola y me siento mucho más independiente.
Es cierto que solo tengo diecinueve años, mucho que aprender y mucho que vivir, pero quería resaltar esto porque he observado que hay mucha gente que es demasiado dependiente, que no pueden hacer muchas cosas si no son respaldadas. Siempre me he preguntado por qué aún hay personas así, como lo bien que uno se siente cuando consigue algo sin ayuda.
Os voy a poner un ejemplo que me ha pasado, es algo que seguramente a muchísima gente le habrá ocurrido, pero yo estoy orgullosa de ello.
A principios del curso en la universidad, tenía varias asignaturas que quería que me convalidaran. Me pasé todo el mes de septiembre llevando papeles a secretaría y pagando recibos. Me dijeron que tenía que esperar a finales de octubre para saber el resultado de si eran o no aceptadas. Había cumplido cada requisito, seguido cada paso y todo eso lo había hecho yo sola. Hace unos días me llevo un correo electrónico confirmándome que todas las convalidaciones que había solicitado habían sido aceptadas. En ese momento salté de alegría porque me había quitado ya varias asignaturas, porque me iban a hacer un descuento en la matrícula y sobretodo porque no había necesitado la ayuda de nadie para conseguirlo. Me sentí independiente y feliz y me di cuenta de que es cierta la frase de "quien la sigue la consigue".
Un besito
Iris:)
La vida es sueño y los sueños, sueños son. Calderón de la Barca
lunes, 4 de noviembre de 2013
martes, 1 de octubre de 2013
Dulce y simple, la infancia.
¿Os acordáis del parchís? ¿Y de la oca? ¿Y de los juegos en la arena con las canicas? La infancia, ¡qué bonita etapa de la vida!
Yo recuerdo perfectamente los recreos de primaria, cuando salíamos corriendo para hacer girar la peonza, nos tirábamos por el tobogán, jugábamos a polis y cacos o a marco-polo. También recuerdo los tazos y con ellos el "nome" y "sile". La infancia es esa época en la que todo se arreglaba con un "paces" y si te caías te volvías a levantar para seguir jugando.
¿Por qué no nos aplicamos un poco de eso que una vez hicimos?
Es muy fácil tener un problema, enfrentarlo, fracasar y quedarse parado, auto-lamentándose. Lo verdaderamente difícil es intentar solucionarlo una y otra vez, hasta que lo consigas. Como hacíamos de niños, si nos caemos, nos levantamos y seguimos con nuestra vida. Puede que nos cueste, pero si es así es que vale la pena.
Es muy fácil enfadarse con un amigo, sacar tu orgullo y no volver a hablarle. Lo complicado es ponerte en el lugar del otro, pensar las cosas, razonar por qué te has enfadado, pensar en la relación que teníais, quedar con él y hablar y finalmente pedir perdón o aceptar unas disculpas. Como hacíamos de niños, hacer las paces, darse un abrazo y dar el tema por zanjado para que una buena relación no se rompa tan fácilmente. Si verdaderamente quieres a esa persona, no la pierdas.
Y como estos ejemplos podría poner muchos más. Nos complicamos demasiado, hacemos de un granito de arena una montaña entera, nos dejamos llevar por la apariencias, somos pesimistas. Pero, ¿realmente pensamos que así vamos a llegar a alguna parte? Muchos dicen que así es la vida, pero en nuestra mano está intentar cambiarla e insistir il veces si hace falta para que así sea. Cuando íbamos a preescolar todo era más fácil, porque no nos enterábamos de nada o porque si lo hacíamos, no le dábamos importancia. Entiendo que ahora no puede ser así, pero eso no quiere decir que no podamos vivir con otras perspectiva.
El otro día me pasaron un ejercicio de números, eran dos tablas con diez números de cuatro cifras cada una y seguidos de un último numero que iba algo separado. Cuando la vi empecé a pensar en fórmulas matemáticas, en sumas y restas, en multiplicaciones, divisiones, potencias y todas las operaciones matemáticas que he aprendido. Después de estar un largo rato dándole vueltas, me dijeron que niños de cuatro años lo saben hacer rápidamente. Ese comentario me trastocó, pero yo seguía en las mías, con las matemáticas. Decidí dejarlo, rendirme y que me lo resolviesen de una buena vez. Y resulta que era simplemente contar los agujeros, tan fácil como eso. Al principio me quedé a cuadros, pero luego empecé a reírme y me dí cuenta de cuanto nos complicamos y lo poco que deberíamos hacerlo.
No se trata de ser un niño otra vez, pero ¿por qué no intentar pensar como ellos en algún momento?
También quiero decir que no pretendo generalizar todo lo que he dicho porque no todo el mundo es pesimista o se deja llevar por las apariencias (yo me incluyo en ese pequeño porcentaje), pero en líneas generales es así.
Besitos.
Iris:)
martes, 24 de septiembre de 2013
Saber decir, ¡hakuna matata!
La mejor manera de moverse por una ciudad tan grande como Madrid, es en transporte público. No solo porque así se contamina menos sino también porque en cada viaje puedes descubrir algo nuevo. Yo paso normalmente al día unas tres horas entre metro y renfe, sin contar los días que tengo horario partido en los que se duplica ese tiempo. Para no aburrirme, además de llevarme un libro o los apuntes para el camino, me dedico a observar a la gente. A mí, personalmente, me inspira una barbaridad ver a todas esas personas en su mundo o leyendo o hablando unas con otras. Empiezo a imaginarme historias que luego escribo, aunque muchas de ellas se me terminan olvidando.
No solo se me ocurren historias, sino que también me doy cuenta del comportamiento de las personas en algunas situaciones. Voy a poner un ejemplo muy claro. El otro día, hacia las nueve de la tarde, tenía muchas ganas de llegar a casa, estaba cansada y no me apetecía mucho estar una hora y media en el tren. Cuando el metro me dejó en la parada en la que haría el trasbordo para coger la renfe, decidí coger el ascensor, para ahorrarme unas cuantas escaleras mecánicas. Eché a correr cuando vi que se iba a cerrar y conseguí meterme. A los pocos segundos cuando se estaba cerrando de nuevo, otro hombre llegó y de la misma manera que yo entró en el ascensor. Ninguno de los dos dimos ningún empujón o codazo a la señora que estaba ya dentro, más bien al contrario. Pero la señora se puso hecha una furia porque habíamos entrado, empezó a resoplar y a echarnos miradas asesinas. ¿De verdad se pensaba que tendría el ascensor para ella sola? En ese momento me dí cuenta de lo impaciente y egoísta que es la gente en general. Si hubiese sido yo la mujer, que varias veces me ha ocurrido, y veo a gente correr al ascensor, en vez de despotricar y resoplar, le habría dado al botón de abrir puertas para evitar que los otros se peleen con él para entrar.
Y como esta otras muchas cosas más. Lo que quiero decir es que hay que tomarse la vida de tal manera que le saques partido a cada momento. En el caso del transporte público, si es mucho tiempo el que vas a pasar de un lado para otro, de tren en tren o de autobús en autobús, tómalo como un parón en tu tiempo, no como una pérdida de tiempo. Haz algo, no te quedes mirando las nubes, a no ser que estés soñando. Piensa en positivo. Yo muchas veces digo "Otra vez a moverse en tren, estoy harta, voy a terminar odiándolo" pero eso es solo la primera reacción, porque luego me entretengo y no lo paso tan mal. Pasar mucho tiempo en transporte público cansa, pero hay que tomárselo como una transición por la que hay que pasar para llegar a nuestro destino. Unas veces ese destino será llegar a clase, otras a ver a alguien importante y otras llegar a casa después de un duro día. Es como el camino que hay que recorrer para conseguir una meta, puede que sea llano y fácil, como un trayecto corto sin trasbordo, o empinado y lleno de piedras, como uno con cuatro cambios de tren. Pero todos llegan a la meta. Puedes tomártelo como un suplicio y estar amargado, pero eso no te llevará a nada.
Lo más fácil es, saber decir ¡hakuna matata!
Besitos.
Iris:)
lunes, 16 de septiembre de 2013
Dormir también es vivir
En esta entrada lo más probable es que no todo el mundo esté de acuerdo conmigo, pero para gustos los colores que se dice.
Madrugar. Esa palabrita que cada vez que la escucho, tiemblo. Y esto me ocurre porque me encanta dormir. Hay gente que dice que si no madrugas, no vives. Esta afirmación puede que sea cierta, aunque para mí, dormir es parte de vivir solo que sin estrés, con los músculos relajados y perdido en tu subconsciente, en tus sueños. En realidad dormir es uno de los mayores placeres del ser humano.
Cada día de entre semana, cuando suena mi despertador a las siete menos cuarto, mi reacción es darme la vuelta. Después me levanto casi arrastras de la cama y pienso en la hora de la siesta. Yo creo que pensar en el momento de la tarde en el que me tumbaré en el sofá y dormiré un ratito, es lo que me hace mantenerme en pie e ir a clase. Aunque eso no quita que parezca un zombie.
Personalmente me considero un poco búho, es decir, estoy más activa por la noche que temprano por la mañana. He comprobado que puedo aguantar hasta las tres de la mañana despierta y rendir debidamente. Y también he comprobado que puedo rendir a primera hora del día con un par de cafés encima.
Si el horario productivo del día fuese modificado yo sería feliz. Si las horas de trabajo o estudio fuesen de doce a ocho de la tarde por ejemplo, yo por lo menos estaría mucho más contenta.
Hay gente que tiene como un "reloj biológico", es decir, que sin necesidad de un despertador pueden levantarse pronto y madrugar. A esas personas las tengo envidia en cierto modo, porque yo no soy capaz de hacer eso ni aunque me lo proponga. Aún así esas personas también tienen una hora de irse a la cama, que es aproximadamente entre las once y las doce de la noche. En eso no les envidio, yo soy capaz de acostarme a las cinco sin problemas, eso sí, levantándome a las doce o a la una al día siguiente.
Cuando llega el fin de semana, yo disfruto como una niña pequeña el poder dormir, pero mis padres se desesperan conmigo. Me levanto tarde, bastante tarde, alrededor de las doce. A no ser que tenga algo importante que hacer, que me interese mucho y que para ello tenga que levantarme a las diez. Como ya he dicho mis padres se desesperan e intentan despertarme pero yo no les hago caso y sigo durmiendo. Eso provoca que se enfaden y se vayan. Eso sí cuando me levanto empiezan con sus "¿tu te crees que estas son horas?" A mi ya me hace gracia, porque es muy repetitivo, todos los fines de semana empiezan igual.
Como conclusión, hay que madrugar sí o levantarte a una hora adecuada, pero si puedes quedarte en la cama hasta más tarde algún día, no lo dudes y disfrútalo. Yo lo hago y me va de maravilla.
Besitos
Iris:)
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Viajar, solo eso.
Viajar. Tengo tantísimas cosas que decir esta palabra de seis letras...
Me voy a centrar en mi experiencia personal. Siempre me ha gustado viajar aunque no he tenido la oportunidad de hacerlo demasiado. Mejor dicho, he viajado, pero no me acuerdo de los sitios que visité los primeros diez años de mi vida. Para mí, salir de tu zona de confort, de tu rutina, de tu barrio, incluso de tu ciudad, ya es un viaje. Pensaréis que es una tontería, pero siempre se pueden descubrir cosas nuevas aunque sea en el pueblo de al lado al que nunca has ido, o en el barrio del que tan poco has oído hablar pero que está en tu misma ciudad. Mi ciudad, Madrid, es tan grande que nunca voy a terminar de descubrirla. Me conozco muy bien el centro, mi barrio, el de mi familia y ahora también las cuatro casas que rodean mi universidad, pero no mucho más. Por eso cada vez que voy a un lugar diferente de lo que estoy acostumbrada o de lo que veo normalmente, ya estoy viajando.
Hay muchos tipos de viaje, pero todos son lo mismo.
El verano pasado y este, han sido verano inolvidables para mí, porque he viajado muchísimo. En junio, al terminar los exámenes, cogí una mochila, me la eché a la espalda, agarre de la mano a una de mis amigas y con nuestro billete de tren recorrimos algunas ciudades europeas. Sí, hice el denominado interrail, que yo lo describiría en líneas generales como: la paliza del siglo. No me malinterpretéis, me encantó tanto que pienso repetir, pero para que mentir, fue verdaderamente una paliza. Desde que empezamos hasta que llegamos de nuevo a Madrid, fue una carrera a contrarreloj. Vimos cinco ciudades en 10 días, andamos, corrimos, nos pusimos nerviosas (yo particularmente), nos reímos, comimos de sandwiches, dormimos en habitaciones compartidas con cero intimidad, compartimos baño, nos tragamos horas y horas de tren, nos estafaron, nos colamos en el metro y mil cosas más en solo diez días. Viajé, vi muchísimas cosas que ya conocía por fotografías y por internet y lo disfruté.
Después del interrail, me fui a la aventura a Dublín, yo sola, mis dos maletas, mi nivel intermedio de inglés y poco más. Estuve allí tres semanas que me supieron a poco, que aproveché al máximo y que me hicieron darme cuenta de muchas cosas que antes no sabía, como el verdadero significado de la palabra independencia. Pero ese es otro asunto. La cosa es que fue una de las experiencias más productivas que he tenido. Viajé, me re-descubrí, aprendí y lo disfruté.
Tras pasar alguna semana con mi familia, a la que tan abandonada tenía, me subí en el coche de mi padre rumbo al norte de España, a Cantabria. Cantabria es uno de los lugares que yo había visitado con menos de diez años y de la que mi memoria guardaba alguna imagen, pero nada concreto. Dos semanas allí pasé, asombrándome con el paisaje, con el olor, con los preciosos anocheceres en la playa, con las cascadas salidas de la nada en plena montaña. Viajé, respiré aire puro, visité toda la provincia y lo disfruté.
Breve presentación
¡Hola! Bienvenidos a mi escondite, donde puedo ser yo, donde puedo contar mis pensamientos, mis sueños, dar consejos, hablar de la vida, de todo y de nada a la vez.
¿Quién no necesita poder expresarse? ¿Quién no se guarda las cosas para sí mismo sin compartirlas con nadie? Yo soy una de esas, por suerte o por desgracia y en este espacio me abriré y me desahogaré. Como el título lo dice, soy una soñadora sin remedio. Paso más tiempo en mi mundo de yupi que en el mundo real, quizás demasiado. Mucha gente que me quiere, amigos, familia, me han recomendado bajar de la nubes y tener los pies en la tierra. Pero es más fácil pensar alternativamente, imaginar, crear, soñar. Aún así soy consciente de que la realidad es lo importante y por eso precisamente haré referencia a ella. Uno de los poemas que más me gustan está escrito por el gran Calderón de la Barca y habla de los sueños. La frase que más me ha marcado es la que aparece en el inicio de este blog, "Los sueños, sueños son."
Todo en esta vida tiene un precio, pero los sueños son gratis, ¿por qué no aprovecharlos?
Finalmente espero que lo que escriba sirva para algo, no solo para mí. Y con esto y una sonrisa doy por inaugurado mi nuevo blog. Os estaré esperando :)
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