martes, 24 de septiembre de 2013

Saber decir, ¡hakuna matata!

La mejor manera de moverse por una ciudad tan grande como Madrid, es en transporte público. No solo porque así se contamina menos sino también porque en cada viaje puedes descubrir algo nuevo. Yo paso normalmente al día unas tres horas entre metro y renfe, sin contar los días que tengo horario partido en los que se duplica ese tiempo. Para no aburrirme, además de llevarme un libro o los apuntes para el camino, me dedico a observar a la gente. A mí, personalmente, me inspira una barbaridad ver a todas esas personas en su mundo o leyendo o hablando unas con otras. Empiezo a imaginarme historias que luego escribo, aunque muchas de ellas se me terminan olvidando.

No solo se me ocurren historias, sino que también me doy cuenta del comportamiento de las personas en algunas situaciones. Voy a poner un ejemplo muy claro. El otro día, hacia las nueve de la tarde, tenía muchas ganas de llegar a casa, estaba cansada y no me apetecía mucho estar una hora y media en el tren. Cuando el metro me dejó en la parada en la que haría el trasbordo para coger la renfe, decidí coger el ascensor, para ahorrarme unas cuantas escaleras mecánicas. Eché a correr cuando vi que se iba a cerrar y conseguí meterme. A los pocos segundos cuando se estaba cerrando de nuevo, otro hombre llegó y de la misma manera que yo entró en el ascensor. Ninguno de los dos dimos ningún empujón o codazo a la señora que estaba ya dentro, más bien al contrario. Pero la señora se puso hecha una furia porque habíamos entrado, empezó a resoplar y a echarnos miradas asesinas. ¿De verdad se pensaba que tendría el ascensor para ella sola? En ese momento me dí cuenta de lo impaciente y egoísta que es la gente en general. Si hubiese sido yo la mujer, que varias veces me ha ocurrido, y veo a gente correr al ascensor, en vez de despotricar y resoplar, le habría dado al botón de abrir puertas para evitar que los otros se peleen con él para entrar. 

Y como esta otras muchas cosas más. Lo que quiero decir es que hay que tomarse la vida de tal manera que le saques partido a cada momento. En el caso del transporte público, si es mucho tiempo el que vas a pasar de un lado para otro, de tren en tren o de autobús en autobús, tómalo como un parón en tu tiempo, no como una pérdida de tiempo. Haz algo, no te quedes mirando las nubes, a no ser que estés soñando. Piensa en positivo. Yo muchas veces digo "Otra vez a moverse en tren, estoy harta, voy a terminar odiándolo" pero eso es solo la primera reacción, porque luego me entretengo y no lo paso tan mal. Pasar mucho tiempo en transporte público cansa, pero hay que tomárselo como una transición por la que hay que pasar para llegar a nuestro destino. Unas veces ese destino será llegar a clase, otras a ver a alguien importante y otras llegar a casa después de un duro día. Es como el camino que hay que recorrer para conseguir una meta, puede que sea llano y fácil, como un trayecto corto sin trasbordo, o empinado y lleno de piedras, como uno con cuatro cambios de tren. Pero todos llegan a la meta. Puedes tomártelo como un suplicio y estar amargado, pero eso no te llevará a nada.

Lo más fácil es, saber decir ¡hakuna matata!


Besitos.

Iris:)

No hay comentarios:

Publicar un comentario