Viajar. Tengo tantísimas cosas que decir esta palabra de seis letras...
Me voy a centrar en mi experiencia personal. Siempre me ha gustado viajar aunque no he tenido la oportunidad de hacerlo demasiado. Mejor dicho, he viajado, pero no me acuerdo de los sitios que visité los primeros diez años de mi vida. Para mí, salir de tu zona de confort, de tu rutina, de tu barrio, incluso de tu ciudad, ya es un viaje. Pensaréis que es una tontería, pero siempre se pueden descubrir cosas nuevas aunque sea en el pueblo de al lado al que nunca has ido, o en el barrio del que tan poco has oído hablar pero que está en tu misma ciudad. Mi ciudad, Madrid, es tan grande que nunca voy a terminar de descubrirla. Me conozco muy bien el centro, mi barrio, el de mi familia y ahora también las cuatro casas que rodean mi universidad, pero no mucho más. Por eso cada vez que voy a un lugar diferente de lo que estoy acostumbrada o de lo que veo normalmente, ya estoy viajando.
Hay muchos tipos de viaje, pero todos son lo mismo.
El verano pasado y este, han sido verano inolvidables para mí, porque he viajado muchísimo. En junio, al terminar los exámenes, cogí una mochila, me la eché a la espalda, agarre de la mano a una de mis amigas y con nuestro billete de tren recorrimos algunas ciudades europeas. Sí, hice el denominado interrail, que yo lo describiría en líneas generales como: la paliza del siglo. No me malinterpretéis, me encantó tanto que pienso repetir, pero para que mentir, fue verdaderamente una paliza. Desde que empezamos hasta que llegamos de nuevo a Madrid, fue una carrera a contrarreloj. Vimos cinco ciudades en 10 días, andamos, corrimos, nos pusimos nerviosas (yo particularmente), nos reímos, comimos de sandwiches, dormimos en habitaciones compartidas con cero intimidad, compartimos baño, nos tragamos horas y horas de tren, nos estafaron, nos colamos en el metro y mil cosas más en solo diez días. Viajé, vi muchísimas cosas que ya conocía por fotografías y por internet y lo disfruté.
Después del interrail, me fui a la aventura a Dublín, yo sola, mis dos maletas, mi nivel intermedio de inglés y poco más. Estuve allí tres semanas que me supieron a poco, que aproveché al máximo y que me hicieron darme cuenta de muchas cosas que antes no sabía, como el verdadero significado de la palabra independencia. Pero ese es otro asunto. La cosa es que fue una de las experiencias más productivas que he tenido. Viajé, me re-descubrí, aprendí y lo disfruté.
Tras pasar alguna semana con mi familia, a la que tan abandonada tenía, me subí en el coche de mi padre rumbo al norte de España, a Cantabria. Cantabria es uno de los lugares que yo había visitado con menos de diez años y de la que mi memoria guardaba alguna imagen, pero nada concreto. Dos semanas allí pasé, asombrándome con el paisaje, con el olor, con los preciosos anocheceres en la playa, con las cascadas salidas de la nada en plena montaña. Viajé, respiré aire puro, visité toda la provincia y lo disfruté.
Después del viaje al norte con mi padre, y sin un día de descanso, cogí de nuevo mi maleta y me puse rumbo a Cádiz con mi madre. Esa semana había decidido estar relajada, sin preocupaciones, sin horarios ni prisas, solo con mi madre, mi hermana y yo misma. Viajé, dormí, me relajé y lo disfruté.
Como conclusión, viajar es disfrutar. Y gracias a todos estos viajes he podido ver la realidad, analizarla e imaginar y soñar a través y gracias a ella.
Besitos.
Iris:)
Me ha encantado princesa!! Sigue así! Y muchísimo ánimo!
ResponderEliminarTe quiere mucho
Andrea#
Muchas gracias:) Besitos ^^
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