Hola a todos! De nuevo vuelvo a la carga con una nueva entrada, recién salida del horno. Espero que os guste.
Hace tiempo que creía que lo que más valía hoy en día era que los demás te aceptasen. Digo hace tiempo porque fue cuando estaba en mi época adolescente, donde lo más importante era pertenecer a un grupo, tener muchos amigos y sobretodo la aprobación de los demás. Ese tiempo en el que valía más cambiar de camiseta todos los días y no repetir que saberse una poesía, que era considerado de empollones, frikis o como queráis llamarlo. Ese tiempo en el que si tenías una agenda era para que los compañeros te pusiesen cosas en ella o para escribir frases de amor a ese imposible que tan locamente enamorada te tenía.
Menos mal que ese tiempo pasó, que yo cambié, que mi vida cambió y sobretodo menos mal que me di cuenta de que lo verdaderamente importante no era que los demás te aceptasen, sino aceptarte a ti misma.
En los últimos tiempos la sociedad se ha regido por una serie de estereotipos, en todos los ámbitos. Tienes que ser una chica delgada, relativamente alta y vestir a la última moda para que los demás te "acepten" o eso nos quieren hacer creer.
Supongo que me he vuelto una incrédula, porque me da igual lo que digan los demás, y con los demás me refiero a la sociedad en general. Solo me importa lo que opino yo de mí misma y también lo que opina mi gente, mi familia, mis amigos, los que me quieren.
Cuando por fin me di cuenta de quien era, cuando formé del todo mi personalidad, me miré al espejo y entonces pude definirme. Soy una persona alegre, soñadora, buena.
A todos nos pasa que cuando a alguien a quién quieres le preguntas algo sobre ti, como por ejemplo:¿cómo soy? te va a contestar con algo que te guste y que te haga sentir bien, aunque también habrá verdad en sus palabras, porque quien te quiere te cuida, pero también te enseña.
Supongo que no hay mejor manera de explicar a qué me estoy refiriendo que con un ejemplo, así que os dejo uno.
Hace ya por lo menos cuatro años que llevo gafas. Cuando me las compré, la primera vez me veía rara pero al ser algo nuevo lo veía bien, además, "estaban de moda". Cuando pasan las semanas te las quitas para casi todo, te las pones solo para lo imprescindible, porque te ves mejor sin ellas y ¡qué narices! no tienes tantas dioctrías, ves bien sin gafas, ¿por qué las vas a llevar si no las necesitas todo el rato? Al año, te das cuenta de que sin gafas ves bien, pero con ellas puestas ves mucho mejor, así que decides mantenerlas, al menos para lo importante (conducir, la universidad) y poco a poco te adaptas a ellas, dejas que formen parte de tu identidad. Aunque ya son algo tuyo y no tienes problemas en admitir eso, te das cuenta de que para salir de fiesta no te las pones, porque..."estas más guapa sin ellas" y también porque..."con ellas puestas tus ojos no resaltan", así que empiezas a tener en cuenta que las gafas están bien para determinadas situaciones, pero no para todas. Aún así no quieres dejar de ver bien, por lo que decides comprar tus primeras lentillas, toda una evolución y un descubrimiento. Digamos que han pasado ya los cuatro años, usas gafas para casi todo y contadas veces las lentillas, pero se te acaban y decides comprar más y cuando das la noticia en casa de que vas a coger más lentillas, salta tu hermana pequeña: pero, ¿para qué? si te quedan muy bien las gafas, estás muy guapa con ellas. Y es en ese momento cuando te das cuenta de que es verdad, que te quedan bien, que estás guapa. Has esperado cuatro años ese comentario, has necesitado mucho tiempo para darte cuenta de algo que desde el primer momento supo alguien que te quería, y sabes que no lo ha dicho porque te quiera, sino simplemente porque es la verdad.
Aún así te compras las lentillas está claro, pero al menos ya sabes que no por ir con gafas estás más fea.
Creo que me he desviado un poco de mi tema inicial, como viene siendo habitual en mí, voy a intentar volver.
Hay que aceptarse a una misma, hay que mirarse al espejo cada mañana y decir ¡Ole tú, qué guapa estás hoy! aunque tengas una ojeras de caballo y el pelo como si acabases de meter los dedos en un enchufe. Estas guapa porque eres guapa, por fuera y por dentro. Eres guapa porque eres amable, cariñosa, sencilla, leal, sincera, simpática, graciosa, independiente y mil cosas más. Eres guapa porque sabes escuchar, sabes reírte de todo y ponerte seria cuando hay que ponerse. Y que no te importen tus kilos de más o de menos, tu trasero redondo, plano o respingón, tus ojos separados o muy juntos, tus labios finos o gruesos, tus pechos pequeños o grandes, porque lo importante no es eso. Lo importante es tu presencia cuando entras en una habitación, tu manera de moverte y de mantener la compostura en una silla, tu mirada esa que tanto transmite, tu sonrisa con la que alegras el día a la gente, tu corazón, el que late fuerte cuando vives algo intensamente, cuando sientes de verdad. Lo que de verdad importa no es tu reflejo, sino la persona que sabes que eres.
Para terminar decir que me gusto tal y como soy, con mis gafas de pasta moradas y todo lo demás. Y que al igual que yo, todo el mundo debería gustarse.
No es cómo eres, sino quién eres.
Gracias por leerme. Una noche más.
Iris:)
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